El arte de ser abuelo

Esta es una carta para los abuelos porque, quién pudiera pensarlo, dentro de todas las cosas que tenemos que aprender en la vida, aunque seamos viejos, está el arte de ser abuelo, difícil gneralmente porque con el cariño por los nietos podemos entorpecer su educación.
Los nietos son una gran felicidad que nos tiene deparada Dios para mitigar las fatigas del camino de la vida cuando hemos recorrido bastantes años, que nos hace revivir hermosas épocas pasadas de la niñez de nuestros hijos. Volver a sentir las caricias infantiles, las risas y los juegos de los pequeños, nos traen sensaciones muy dulces, casi olvidadas seguramente. Pero por eso precisamente no se puede confundir el papel de los abuelos con el papel de los padres, ya que con fcilidad se producen trastornos en la familia de los hijos.
Lo primero que tenemos que aceptar los abuelos es que los responsables de la educación de los nietos son los padres, y a ellos les corresponde fijar el sendero que deben seguir los hijos, los abuelos no podemos ser mas que unos observadores atentos y colaboradores útiles en su misión formativa. Solamente en situaciones especiales podremos dar consejos oportunos y prudentes, pero sin aspirar a imponer nuestra forma de educar, que muy posiblemente no será ya adecuada en muchos aspectos para la forma de vida del mundo moderno. Claro que esto no se refiere a aquellos principios morales y religiosos que siempre son actuales y si debemos inculcar a los nietos.
Los abuelos no podemos ser deseducadores que destruyan la disciplina y el orden de las familias de nuestros hijos y tenemos que evitar la tendencia a dar a los nietos todo el gusto y permitirles muchas cosas que no habríamos tolerado cuando levantamos nuestra propia familia. Si el padre o la madre han prohibido algo a sus hijos, haríamos muy mal los abuelos en contradecir sus órdenes, igualmente es perjudicial excederse en regalos a los nietos que desquieren el equilibrio doméstico. En los afectos del niño hay prelaciones que establece la naturaleza humana. Ante todo, lógicamente, el amor a los padres y luego a los demás, en el que ciertamente ocupan un lugar preferencial los abuelos
Por eso hay que aceptar un sitio secundario en el corazón de los nietos, sin celos ni desengaños si nos vemos relegados a un segundo término ante el amor filial. Otra cosa importante es que los abuelos por una rama familiar no pueden pretender acaparar el afecto de los nietos, olvidando que los consuegros tienen el mismo derecho a ese amor. Los matrimonios deben procurar que sus hijos quieran por igual a los abuelos paternos y maternos para evitar resentimientos que rompen la armonía conyugal. por todo esto, ciertamente no es facil dominar el arte de ser abuelo...
Los nietos son una gran felicidad que nos tiene deparada Dios para mitigar las fatigas del camino de la vida cuando hemos recorrido bastantes años, que nos hace revivir hermosas épocas pasadas de la niñez de nuestros hijos. Volver a sentir las caricias infantiles, las risas y los juegos de los pequeños, nos traen sensaciones muy dulces, casi olvidadas seguramente. Pero por eso precisamente no se puede confundir el papel de los abuelos con el papel de los padres, ya que con fcilidad se producen trastornos en la familia de los hijos.
Lo primero que tenemos que aceptar los abuelos es que los responsables de la educación de los nietos son los padres, y a ellos les corresponde fijar el sendero que deben seguir los hijos, los abuelos no podemos ser mas que unos observadores atentos y colaboradores útiles en su misión formativa. Solamente en situaciones especiales podremos dar consejos oportunos y prudentes, pero sin aspirar a imponer nuestra forma de educar, que muy posiblemente no será ya adecuada en muchos aspectos para la forma de vida del mundo moderno. Claro que esto no se refiere a aquellos principios morales y religiosos que siempre son actuales y si debemos inculcar a los nietos.
Los abuelos no podemos ser deseducadores que destruyan la disciplina y el orden de las familias de nuestros hijos y tenemos que evitar la tendencia a dar a los nietos todo el gusto y permitirles muchas cosas que no habríamos tolerado cuando levantamos nuestra propia familia. Si el padre o la madre han prohibido algo a sus hijos, haríamos muy mal los abuelos en contradecir sus órdenes, igualmente es perjudicial excederse en regalos a los nietos que desquieren el equilibrio doméstico. En los afectos del niño hay prelaciones que establece la naturaleza humana. Ante todo, lógicamente, el amor a los padres y luego a los demás, en el que ciertamente ocupan un lugar preferencial los abuelos
Por eso hay que aceptar un sitio secundario en el corazón de los nietos, sin celos ni desengaños si nos vemos relegados a un segundo término ante el amor filial. Otra cosa importante es que los abuelos por una rama familiar no pueden pretender acaparar el afecto de los nietos, olvidando que los consuegros tienen el mismo derecho a ese amor. Los matrimonios deben procurar que sus hijos quieran por igual a los abuelos paternos y maternos para evitar resentimientos que rompen la armonía conyugal. por todo esto, ciertamente no es facil dominar el arte de ser abuelo...

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